02 de noviembre de 2007

Retrospectiva Sueños I - La Muerte

Escrito por Anton

Aquí van en una serie tres sueños. Algo al estilo "Trilogía de Nueva York" o "Especial Halloween de los Simpsons". Todos alrededor del mismo tema: el miedo a la muerte.
Si. Ya sé. Este cabrón morboso me va a amargar la tarde. Perdón. Para el próximo especial haré una lista de mis sueños más picantones con famosas.
Sueño 1:
Por alguna razón que desconozco me encontraba en A Coruña con mi gato (V de Vendetta). El día era soleado, la temperatura agradable y de repente contemplé el estallido, a unos quilómetros, de una bomba atómica. Cuando todavía estaba intentando asumir lo del hongo atómico, me siento sacudido por una oleda de calor. Entonces pienso: "ya está, voy a morir".No de momento. Y mi gato sigue tan tranquilo.Pasa el tiempo (unas horas) y no noto ningún sintoma. Pasan unos días. Apenas hay fallecidos. Solo un nombre de los que leo en el periódico me suena. Un conocido de una conocida. Me la encuentro en la calle y paso el mal trago de darle la noticia. Todo es muy triste. Las calles, aún llenas de ceniza, el caos. Pero al mismo tiempo el alivio de saber que no nos hemos ido todos a la mierda.
Me recuerda a una frase de Punto Límite de Sidney Lumet:
- ¿Acaso hay diferencia entre un millon de muertos y diez millones?
- Si. Nueve millones de muertos.

Sueño 2:
Este es más breve. Soy pequeño. Voy con un amigo de la infancia, su primo y sus padres en su coche. No es su coche. Ellos tenían un utilitario. Este parece un señor coche. Negro, amplio. Tiene pinta de berlina americana, pero podría ser un Saab o un Volvo. Uno de esos en que el lema es "Si chocas contra una pared vivirás, si chocas contra un peatón le van a tener que recoger con pinzas".
Total, que en una curva de la antigua carretera que conduce de Vigo a Ponteareas, pasado O Porriño, en una curva en la que en la vida real hay un poco de monte, el coche se va de atrás. El tiempo se ralentiza. Noto como la inercia nos empuja fuera de la carretera. El guardarrailes cede. Y en vez del monte hay un barranco. Un barranco muy profundo. Un barranco tan refitoleramente profundo y lleno de rocas que pienso "Voy a morir" y sé que no me equivoco.
Hasta ahí llega el segundo sueño.

Sueño 3:
Este si que me acojona. Acaban de decirme que sufro una grave enfermedad del corazón y que mi única posibilidad es una operación a corazón abierto. Debo preparar mis cosas y dormir esa misma noche en el hospital. Mientras hago la maleta, comienzo a reflexionar sobre la muerte. No soy creyente, así que me enfrento a la idea de que, si la operación sale mal, todo se haya acabado. Todo. Normalmentees cuando la gente dice eso de "no volver a ver el amanecer de un bebé ni la sonrisa del horizonte"...no, el amanecer de una sonrisa y el horizonte de un bebé...bueno, esas pasteladas. En mi caso era tan sencillo como lamentar todas las cosas que no llegué a hacer. Y lo que me aterrorizó es darme cuenta de que al morir, toda nuestra perspectiva del mundo muere con nosotros, y eso es mucho. Es demasiado. Es toda nuestra visión del mundo. Única, particular. Los verdaderos universos paralelos. ¿Y si pudiésemos viajar por ellos? ¿Ver el mundo a traves de otros ojos? Para mí esas preguntas ya no tenían sentido.
Unas horas más tarde estaba en la mesa de operaciones. En aquel quirófano de los años cicuenta mi cuerpo descansaba sobre la mesa de operaciones. Mi..eh...¿alma? ¿conciencia? ¿esencia?... flotaba en lo alto de la sala, viendo como me abrían.
Esos son mis tres sueños sobre la muerte.

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